lunes, 1 de septiembre de 2008

“Mentimos y debemos pedir perdón” (II)


A un paso de la basura o a un paso de la lectura, la credibilidad está en juego.


Dice el presidente del CNP, William Echeverría, y desde ahí, parece dar señales de vida el orbe periodístico venezolano, que incorpora nuevos actores, el MPN es uno de ellos

Ayer tratamos de montar para usted los elementos de la escena periodística nacional, desde la realidad de un Colegio Nacional de Periodistas que intenta recuperar pertinencia y legitimidad ante la epidémica indiferencia de sus colegiados, hasta el tímido génesis de nuevas tendencias de opinión, reformistas y críticas, pero con una hipoteca política a cuestas desde el mismo inicio. A partir de ahí examinaremos sendas corrientes, obligaciones y derechos, luces y sombras del contexto en todas sus dimensiones.

EL TEMA DE LA LEY

La inicial Ley de Ejercicio del Periodismo se le da el ejecútese en 1972, en diciembre del 94 la vigente Ley de Ejercicio del Periodismo deroga la anterior, y en julio de 2004, la Sala Constitucional del TSJ ratifica íntegramente el instrumento, esto ante la solicitud de nulidad que hiciera en 1995 el Bloque de Prensa Venezolano, representado entre otros por Juan Manuel Carmona, David Natera Febres, Andrés Mata Osorio, Luisa Sanz de Chiossone y José Calvo Otero, quienes veían en peligro su condición de empresarios de la comunicación en los artículos 1,2,3,6,7,31,33,36 y 45.
Hoy, por una u otra razón, es al menos necesario discutir la necesidad de una nueva Ley. Camilo Pacheco, presidente electo del CNP seccional Bolívar, asume la importancia de “revisar la ley para actualizarla, no para reformarla y crear un Colegio paralelo, porque nosotros tenemos suficientes elementos para sacar ese instrumento del oscurantismo, para que deje de ser letra muerta y sirva en la lucha reivindicativa de los periodistas, además debemos recordar que esa misma Ley fue ratificada totalmente por la Asamblea Nacional”, por otro lado y en un tono más pasivo, William Echeverría, presidente del CNP nacional, explica que “la Convención Nacional de Periodistas decidió divulgar información sobre la actual Ley en las 26 seccionales, porque tenemos que buscar que todos los periodistas que después de 10 años sin representación, conozcan la Ley, no obstante, el CNP abre el espacio para debatir el tema, cada quien desde su punto de vista, con respeto, por eso sigo haciéndole el llamado a colegas como Elena Salcedo o Earle Herrera para que generemos la discusión”.
Pero dónde radica la importancia del tema Ley de Ejercicio del Periodismo. “La institución que representa a los periodistas se llama Colegio Nacional de Periodistas”, dice Echeverría, y así es tal cual, al menos jurídicamente hablando. La Ley del 94 establece la figura del CNP como la única con la potestad de representatividad gremial, así como la obligación que posee todo aquel con licencia para ejercer la profesión de inscribirse en el CNP y en el respectivo instituto de precisión social.
Mientras tanto, del otro lado del río, el Movimiento por el Periodismo Necesario (MPN), después de “intensos ciclos de foros abiertos y reuniones para pulsar la opinión de usuarios, usuarias y colegas periodistas y comunicadores, así como de estudiantes de Comunicación Social”, organizaron mesas de trabajo “en torno a reformar la LEP vigente”, la cual consideran entre otras cosas, desfasada, ya que “cinco años separan esta última reforma de la LEP a la aprobación de la nueva Constitución de la República Bolivariana de Venezuela”, periodo en el que han propagado con fuerza formatos no convencionales de hacer periodismo, así como ha proliferado la comunicación alternativa y comunitaria (con mayor auge después del golpe de Estado de 2002). De esa manera, la periodista Mariadela Linares asegura que a finales de este año o a principios de 2009, “el MPN presentará una propuesta de reforma a la AN, esa propuesta la estamos trabajando en una comisión de periodistas y juristas, y antes de presentarla deberá ser discutida por todos, para sumar la mayor cantidad de opiniones posibles, incluyendo la del CNP, e incluyendo la interrogante de si debe existir o no ese Colegio u otra figura”.

¿POSIBLE DIALOGO?

Quizás existen sólo dos puntos de mutuo acuerdo, primero, 10 años de vacío funcional del CNP agotaron su estructura, y segundo, la plataforma comunicacional de la nación está reciamente polarizada. Partiendo de ahí se mueven las piezas en el tablero. Echeverría habla de debatir para aportar, crear, despolarizar y “reinventar el Colegio”, impulsar la previsión social, así como dinamizar y monitorear la profesionalización de los periodistas. El MPN por su parte, habla de incluir la opinión de todos para rescatar el periodismo ético, el cual entiende Mariadela Linares “(…) Robaron, secuestraron, pisotearon y deformaron (…) y lo convirtieron en un artero instrumento para la desinformación, la confusión y la manipulación, de todas formas la noticia ha encontrado sus caminos verdes, sus recovecos por donde colarse, sus espacios donde expresarse. Ya son más de quinientos los medios de comunicación alternativos que se han multiplicado por todo el país”, por lo que insiste en la necesidad de reformar la LEP para incluir los elementos de la comunicación alternativa y reconstruir la figura gremial.
Ahora bien, el ciudadano de a pie, ese mismo que es bombardeado y confundido entre tantas corrientes informativas, ¿tendrá la posibilidad de acercarse, al menos un poco, al periodismo equilibrado, con un portavoz constructivo, con uno del cual pueda sentirse más confiado?, eso dependerá de la inclusión para el debate, de la oportunidad que tengan todos los comunicadores de sincerarse y proyectar un ejercicio real del periodismo honesto y responsable. La polarización política que ha infectado todo, y desde luego lo comunicacional, no afecta sino a la moral nacional, a la gente, a todos los que fueron víctimas del fraude mediático de abril de 2002, que como un acto de magia veían algo mientras en realidad pasaba otra cosa, ese mismo fraude que no reconoce, increíblemente, ningún tipo de avance en 10 años, que no aporta ni construye, pero ese mismo fraude que también tiene otra cara, el otro polo, el que nos dice y nos enseña sólo lo positivo del proceso, que no crítica, investiga y argumenta las causas del mal nacional, que no interpela, que sólo contrarresta la campaña opositora con buenas noticias, que no denuncia, que no se pregunta por la corrupción, por las hummers, y por los huecos en las calles, por la burocracia, por la inversión exagerada en vallas, entre muchas otras cosas, también es responsable del desengaño popular.
Entonces, ¿existe posibilidad de dialogo?, aunque desde el CNP y del MPN se habla de inclusión y discusión, la situación no es muy alentadora. Ahora mismo las fuerzas siguen contrapesándose. El CNP denuncia inexistencia de libertad de expresión, y abusos y agresiones de elementos del Gobierno contra periodistas. Por su parte el MPN, denuncia el silencio del CNP ante el “terrorismo mediático”, la “alianza mediática en contra del Ejecutivo”, y ante abusos sufridos por trabajadores de la prensa por elementos de la oposición política venezolana. Y es que no sólo se trata de una dirigencia reconocida por poco menos del 30% de los agremiados, sino que la propia figura de su presidente, quien si bien es cierto ha hecho el llamado de reencuentro a algunos reconocidos periodistas pro Gobierno, no es bien ponderada por un gran sector de esos movimientos alternos. Mariadela Linares es clara cuando habla de la “poca credibilidad” que tiene Echeverría cuando habla de tender puentes e impulsar inclusión, “es muy hipócrita su posición cuando hace sólo dos años protagonizó el terrible episodio donde rechazó el Premio Metropolitano de Periodismo, irrespetando a un jurado que trató de dejar una impresión de equilibrio, y lo que hizo fue polarizar aún más la situación, por eso no le acepto que venga a hablar de gremialismo, cuando los primeros puentes se le tendieron a él y los rompió”.
Camilo Pacheco, Presidente del CNP Bolívar.


CASO BEIJING:

Un buen ejemplo de la extrema polarización política está en el fenómeno comunicacional desarrollado en torno a los juegos olímpicos de Beijing. La prensa privada en todos sus formatos empapó la información de términos como “fracaso, desilusión, descalabro, desesperanza, decepción”, e incluso se vieron curiosidades como las de Meridiano TV, específicamente, “los venezolanos se quedaron con las ganas”, colocarían así en un cintillo noticioso, certificando en tercera persona la derrota de sus coterráneos. A la inversa, la prensa pro Gobierno dirigió su estrategia a rebasar el efecto opositor, “oro a la revolución deportiva”, una campaña publicitaria diseñada únicamente para y por los atletas, según Alfredo León, viceministro del deporte, sin embargo, la campaña que sobredimensionada y acompañada de la repetida, aunque cierta, calificación de logro histórico, colaboró con una dañina atmósfera triunfalista. Al final, no se le dijo a la gente, de manera equilibrada, lo sumamente complicada que era la empresa olímpica, que el logro de 110 atletas era más que notable, pero no garantizaba nada. Y el impacto de percepción, tristemente para mal, no lo recibe sino el usuario del medio de comunicación.

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